De los gritos a la calma: dos formas de ejercer el liderazgo que hoy contrastan con Bryan Ruiz en La Sele

Hay liderazgos que se imponen con la voz y otros que se construyen con la presencia. Bryan Ruiz parece pertenecer a esta segunda categoría: lejos de los gritos y las estridencias, el excapitán de Costa Rica empieza a hacer sentir su autoridad desde la calma, la humildad y la ecuanimidad.

El liderazgo no siempre necesita gritar.

Tampoco necesita golpear una mesa, elevar la voz o demostrar quién tiene el poder.

A veces basta con estar.

Con observar.

Con hablar cuando corresponde.

Y, sobre todo, con transmitir seguridad cuando alrededor todo parece tambalearse.

Ese es precisamente uno de los rasgos que comienza a sobresalir en Bryan Ruiz, ahora sentado en el banquillo de la Selección Nacional.

Su presencia contrasta con una manera mucho más estridente de ejercer autoridad que en otros ámbitos hemos visto representada, por ejemplo, en la figura del ministro Gabriel Aguilar, cuya imagen pública ha estado asociada en distintos momentos a intervenciones fuertes y una comunicación de alto tono.

Son estilos completamente diferentes.

Uno busca hacerse sentir desde la intensidad.

El otro parece hacerlo desde la tranquilidad.

Bryan no necesita levantar la voz

Resulta curioso ver a Ruiz en el banquillo.

Durante muchos años fue el hombre que tenía que hablar dentro de la cancha.

El que recibía la pelota bajo presión.

El que debía levantar la cabeza cuando el partido se complicaba.

El que, como capitán, tenía que transmitir tranquilidad a sus compañeros.

Ahora cambió el escenario.

Ya no corre.

Ya no puede solucionar una jugada con un pase entre líneas.

Ya no puede aparecer en el área para cambiar un partido.

Pero su manera de liderar parece conservar una característica que lo acompañó durante su carrera:

la serenidad.

Ruiz no necesita convertirse en un entrenador de gritos para demostrar que está al mando.

Su presencia transmite otra cosa.

La autoridad también puede ser silenciosa

En el fútbol existe una idea muy arraigada de que el entrenador debe ser una figura imponente, que grite constantemente y que mantenga a todos bajo una presión permanente.

Pero existen otras formas.

El liderazgo puede aparecer en una indicación puntual.

En una conversación.

En la manera de mirar a un jugador.

En la tranquilidad para tomar una decisión.

Y también en la capacidad de no perder la cabeza cuando el partido se complica.

Ahí Bryan Ruiz tiene una ventaja particular.

Los futbolistas lo conocen.

Muchos de ellos crecieron viendo al “Capi” jugar con Costa Rica.

Otros compartieron vestuario con él.

Y quienes son más jóvenes conocen perfectamente la historia que representa.

Ruiz no necesita construir desde cero una autoridad que ya existe.

Ahora tiene que transformarla.

De referente dentro de la cancha a líder desde el banquillo

Quizás ese sea el cambio más interesante.

Bryan fue un líder futbolístico.

Ahora debe convertirse en líder de un grupo desde otra posición.

Y lo está haciendo sin abandonar una personalidad que siempre estuvo ligada a la mesura.

Eso puede ser particularmente importante para una Selección que viene de un periodo convulso.

Costa Rica no necesita únicamente instrucciones tácticas.

Necesita recuperar confianza.

Necesita volver a sentirse equipo.

Y necesita futbolistas que entiendan que representar a la Tricolor también implica asumir una responsabilidad fuera de la cancha.

Ruiz parece querer empezar justamente por ahí.

Una autoridad diferente

El contraste con estilos de liderazgo más agresivos resulta inevitable.

Hay dirigentes que entienden que la autoridad debe escucharse.

Bryan parece demostrar que también puede verse.

En su postura.

En su manera de comunicarse.

En la tranquilidad con la que afronta una conferencia.

En la forma en que habla de los jugadores.

Y en la humildad con la que asumió una responsabilidad que, según sus propias palabras, ni siquiera estaba buscando.

Eso no significa que la calma garantice resultados.

El fútbol, al final, siempre termina pasando factura en la cancha.

Tampoco significa que un estilo sea automáticamente mejor que otro.

Son maneras distintas de ejercer autoridad.

Pero sí permite entender por qué la figura de Ruiz empieza a llamar la atención en un banquillo donde, hasta hace muy poco, la Selección parecía necesitar respuestas a gritos.

Bryan y una frase que resume su desafío

Hay una expresión en bribri que encaja perfectamente con este momento:

“¡Añíta Mikilona!”

Juntos hasta el final.

Ese parece ser uno de los grandes desafíos de Bryan Ruiz.

No solamente ordenar una defensa, escoger un mediocampo o definir quién será el delantero.

También conseguir que la Selección vuelva a caminar como un solo grupo.

Quizás por eso su liderazgo resulta tan particular.

El hombre que durante años llevó la cinta de capitán ahora no necesita llevarla.

Está en el banquillo.

Y desde ahí, con una personalidad mucho más cercana a la tranquilidad que al grito, empieza a construir otra versión de su liderazgo.

El de un entrenador que no necesita levantar la voz para hacerse escuchar.

Porque algunas veces, en el fútbol y en la vida, la presencia pesa más que el volumen.

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