
La Selección Nacional volvió a respirar.
Hace apenas unos días, Costa Rica estaba sumergida en una de sus mayores crisis recientes, con Fernando Batista fuera del cargo después de seis partidos y con el fantasma del descenso en la Nations League.
Entonces apareció Bryan Ruiz.
El excapitán recibió un equipo golpeado, tomó el banquillo de manera interina y tenía solamente dos partidos para responder.
Respondió con dos victorias: 3-0 ante Nicaragua y 2-0 frente a Haití. Además de evitar el descenso a la Liga B, el equipo mostró una imagen distinta y recuperó parte de la conexión con la afición.
Y ahí cambió la pregunta.
Ya no se trata solamente de quién puede sustituir a Batista.
Ahora la discusión es mucho más incómoda:
¿Para qué cambiar nuevamente si Bryan Ruiz acaba de demostrar que puede darle una respuesta inmediata a la Sele?
La continuidad se convirtió en una posibilidad real
Antes de la llegada de Ruiz, Alexandre Guimaraes y Jeaustin Campos aparecían entre los nombres que se manejaban dentro de la Federación para asumir el puesto.
Pero el panorama cambió.
La Nación reportó que dentro del Comité Ejecutivo existe una tendencia clara a darle continuidad a Bryan Ruiz como técnico, aunque todavía está pendiente una conversación con el exjugador para conocer si está dispuesto a asumir el reto.
Es decir, la pelota ahora también está en la cancha de Bryan.
Y si finalmente acepta, Costa Rica podría ganar algo que ha faltado en los últimos meses:
tiempo.
La Sele no tendría que empezar otra vez
Cada nuevo entrenador significa comenzar prácticamente desde cero.
Nuevas ideas.
Nuevo cuerpo técnico.
Nuevos métodos.
Nuevas relaciones con los futbolistas.
Y, sobre todo, otra etapa de adaptación.
Con Ruiz el escenario sería diferente.
Él ya conoce a los jugadores con los que trabajó, ya tomó decisiones y ya comenzó a construir una idea.
En solamente dos partidos hizo modificaciones, recuperó futbolistas experimentados y apostó por jóvenes que respondieron en la cancha.
Contra Haití, por ejemplo, Rónald Matarrita tuvo una participación determinante con dos asistencias, mientras Carlos Mora y Andrey Soto respondieron con los goles. Celso Borges también aportó experiencia en un equipo que mostró mayor equilibrio.
Eso no garantiza que Ruiz vaya a convertirse en un gran seleccionador.
Pero sí significa que ya existe un punto de partida.
La Sele puede ganar identidad
Hay otra diferencia importante.
Bryan Ruiz no solamente conoce el fútbol costarricense.
Lo vivió.
Fue jugador de la Selección, capitán y uno de los principales referentes de una generación que llegó a los cuartos de final de un Mundial.
Ahora intenta trasladar esa experiencia al banquillo.
Y eso puede tener un peso especial en un vestuario que viene de atravesar una etapa complicada.
Incluso Guimaraes y Jeaustin Campos, dos entrenadores que fueron mencionados como candidatos antes de que Ruiz apareciera como posibilidad permanente, reconocieron públicamente aspectos positivos de su trabajo.
Guimaraes destacó la respuesta de los futbolistas y la capacidad de Ruiz para transmitirles algo diferente. Campos, por su parte, aseguró que el exjugador tiene mucho que aportar al fútbol costarricense.
La discusión, entonces, ya no pasa solamente por el currículum.
Pasa por la conexión.
También gana una oportunidad para los jóvenes
Uno de los argumentos más interesantes a favor de la continuidad de Ruiz está en el cambio generacional.
La Sele necesita encontrar una nueva columna vertebral.
Pero también necesita incorporar jóvenes sin abandonar completamente a los futbolistas experimentados.
Eso fue precisamente lo que comenzó a observarse durante el interinato.
Ruiz mezcló jugadores con recorrido internacional y referentes como Keylor Navas y Celso Borges con futbolistas jóvenes que buscan consolidarse.
Yerlan Sosa, Andrey Soto y otros jugadores de menor recorrido tuvieron protagonismo durante esta etapa.
El desafío ahora sería convertir esos destellos en un proyecto.
Y hay algo que Guimaraes y Jeaustin no podrían ofrecerle a la Sele en este momento
No se trata de minimizar las carreras de Guimaraes o Jeaustin Campos.
Todo lo contrario.
Ambos tienen recorrido, experiencia y conocimiento del fútbol nacional.
Pero si la Federación decide dejarlos fuera de esta elección, existe una razón deportiva que podría explicar la decisión:
Bryan ya empezó el trabajo.
Guimaraes tendría que llegar, conocer al grupo, establecer su metodología y construir nuevamente relaciones.
Lo mismo ocurriría con Jeaustin.
Ruiz ya pasó por esa primera etapa.
Ya estuvo en el vestuario.
Ya dirigió.
Ya tomó decisiones.
Ya ganó.
Y, sobre todo, ya sabe qué encontró.
Pero el verdadero examen apenas comienza
Aquí está la parte que no puede esconderse detrás de dos victorias.
Dos partidos no convierten automáticamente a Bryan Ruiz en el entrenador ideal de Costa Rica.
Lo que hizo fue suficiente para cambiar la conversación.
Ahora tendría que demostrar que puede sostenerlo.
La próxima fecha FIFA será una prueba diferente.
Después vendrán más exigencias.
Y eventualmente llegará la presión de un proceso competitivo en el que no bastará con recuperar la confianza.
Habrá que ganar.
Bryan todavía tiene una decisión pendiente
El propio Ruiz dejó claro después del triunfo ante Haití que no está desesperado por quedarse.
Dijo que analizará la situación y que, si existe una posibilidad de continuar, tomará la decisión pensando en lo mejor para el país y poniendo a su familia por delante.
Por eso, la Federación puede quererlo.
La dirigencia puede verlo como candidato.
La afición puede pedir su continuidad.
Pero todavía falta una pieza fundamental:
que Bryan Ruiz quiera quedarse.
Y si finalmente dice que sí, Costa Rica podría encontrarse ante un escenario inesperado hace apenas una semana.
Una Selección que parecía obligada a buscar otro entrenador podría decidir que el hombre que llegó para apagar el incendio es precisamente quien merece la oportunidad de construir el nuevo proyecto.
Porque quizá lo que más gane la Selección con Bryan Ruiz no sea solamente un técnico.
Quizá gane continuidad, identidad y la posibilidad de no volver a empezar de cero.